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LAS ÉPOCAS DEL MUNDO

A veces tengo la impresión de que las fichas de la Historia están todas ya desde siempre sobre el tablero y de que es el tiempo el que se encarga de combinarlas. Nihil novum… aunque la combinación ya es en sí algo nuevo. Tal vez he leído demasiado a Louis Althusser, uno de los pocos marxistas no hegelianos que me he echado a la cara, que decía que la Historia es un proceso sin causas y sin finalidad y que se atrevía a cuestionar abiertamente el concepto de dialéctica, lo que le costó una vergonzosa retractación ante los capitostes del PCF. Mirando atrás, en estos momentos de crisis, se pueden entender algunas cosas si uno tiene esto en la cabeza. No se puede decir que el Imperio Romano del siglo I fuera un paraíso de libertad e igualdad, pero la afluencia de plata estaba desempeñando entonces un papel importante en, por ejemplo, la promoción social de los esclavos más capaces (los famosos libertos). La crisis de la minería de la plata abrió a partir de fines del siglo II d.C. un período de reafirmación de las aristocracias (y lo que es peor, de las noblezas) y de endurecimiento de las condiciones de la masa que se alargó hasta el Renacimiento, una época de nuevo regada por las riquezas, de América en este caso, en la cual lo que tenemos la mala costumbre de llamar libertad volvió a parecer al alcance de la mano. La terrible crisis del Barroco abrió un nuevo período de preponderancia señorial hasta la Revolución Francesa. La nueva época, producto en parte del enorme crecimiento provocado por la “gran transformación” de la industria, lo fue de luces y sombras (si es que los historiadores podemos hablar en estos términos), pero puede admitirse que en ella progresaron lo que los más optimistas llaman “conquistas sociales”. Ahora, se ha acabado el carbón de nuevo y las fichas se recolocan en posición “gana la nobleza”. La nobleza de ahora es ya otra, financiera ella, y la riqueza es tan absurda que ya no es riqueza, sino sólo dinero. Pero los tiempos crudos han regresado. Desgraciadamente, esta crisis no es un acontecimiento, sino una época. Y, como decía Joseph de Maistre: “desdichadas las generaciones que tienen que asistir a las épocas del mundo”.

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