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EL AZAR Y LA NECESIDAD

El otro día, en la presentación de su último libro, Juan Ramón Medina me enseñó que uno de los pocos físicos griegos que sigue vigente con todas las de la ley es Demócrito. La actualidad de su pensamiento reside, según parece, en que fue el primero (y el único durante mucho tiempo) que alcanzó una de las pocas verdades científicas que rigen en todos los casos: que la Naturaleza está gobernada por el azar y por la necesidad. La lógica aristotélica de no contradicciones ha sepultado esta evidencia por muchos siglos, pera al final la verdad parece que es tenaz y que tiende a resplandecer. Así, mi hijo Enrique, estudiante de Física, me ha confirmado que la base de la Física del caos es precisamente ésta: que las leyes físicas se cumplen siempre (necesidad), pero a condición de que se parta también siempre de las mismas condiciones originarias. Como en los sistemas complejos (los subatómicos, pero no sólo, también los meteorológicos, por poner un ejemplo) la capacidad de reproducir las condiciones originarias son mínimas (azar), las posibilidades de predecir el comportamiento de los sistemas son también reducidas. El papel de la estadística en todo esto es evidente y es lo que hace que las verdades de la ciencia se nos aparezcan cada vez más como verdades estadísticas, cuando no lo son del todo. No podía ser otro modo: la estadística no es una verdad, sino un instrumento del conocimiento descriptivo o predictivo. No creo equivocarme mucho, por eso mismo, si pienso que el famoso principio de indeterminación tiene mucho de todo esto: no se puede determinar al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula. Y como ambos parámetros son relativos (es decir, dependen del observador), no hay manera de alcanzar la objetividad absoluta, pues ésta, por definición, supone la desaparición del sujeto (observador) o exige un sujeto neutro o puro que es como decir un no-sujeto.
Creo que en Historia hemos llegado al mismo punto. Dado que la naturaleza humana (si es que existe esto como algo objetivo) es siempre la misma, estamos teóricamente en condiciones de conocerla. No me refiero a las pasiones humanas (que también), sino sobre todo a las instituciones que genera esta naturaleza, a las relaciones de poder que las estructuran o a las formas de explotación, circulación y reparto de la riqueza que se derivan de ellas. Bastaría con conocer (siempre en teoría) las condiciones de partida de estos componentes (y otros muchos más) y sus leyes de combinación (que son básicamente evolutivas, para qué nos vamos a engañar) para predecir el comportamiento del sistema. Pero es que estas condiciones (como en Biología evolutiva, pues al fin al cabo la naturaleza humana es Naturaleza) son incognoscibles o, con suerte, son conocidas sólo de forma general y a posteriori. Imposible predecir, para suerte de los que tememos, creo que con fundamento, los resultados de la llamada ingeniería social (que incluye la ingeniería genética). Lo he formulado de forma muy sumaria e imperfecta, pero esta es la razón, tal como lo veo ahora, por la cual la Historia humana está regida por la necesidad y el azar y por la cual los principios de los sistemas caóticos (order out of chaos, indeterminación, entropía, azar, necesidad) son aplicables a la Historia humana. La Historia es una ciencia de lo que permanece y de lo que cambia, de lo azaroso y de lo necesario, del acontecimiento y de la estructura, de la resiliencia y de la ruptura, de lo objetivo y de lo subjetivo. Esa es su grandeza y su miseria, si es que es lícito plantearlo es estos términos tan retóricamente moralistas.

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