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La cuarta guerra macedónica, finalizada en 148, la subsiguiente destrucción de Corinto tras la derrota de la liga aquea en 146, la destrucción de Cartago ese mismo año tras la tercera guerra púnica y el fin de las guerras celtibéricas hacia 133 constituyen una cadena de acontecimientos que en poco menos de 15 años revoluciona totalmente el sistema de poder en el Mediterráneo y pone en manos de la aristocracia romana un cúmulo de riquezas que aumenta las ya recibidas tras las derrotas los bárquidas en Hispania en 206, de Filipo V en Cinocéfalos en 197, de Antioco III en Magnesia en 189 y del sucesor de Filipo V, Perseo, en Pidna en 168... El año 143 es el de mayor producción de plata del período, según los residuos de plomo copelado correspondientes a la atmósfera de la época hallados en los análisis hechos a las capas de hielo de Groenlandia que se formaron por estos años. En los cien años posteriores a la segunda batalla de Pidna de 148 la emisión por parte de Roma de moneda de plata (procedente de las minas macedónicas e hispanas) se incrementó un diez por ciento. La eliminación de los enemigos comerciales de la República como Cartago, Corinto y Rodas (que se había mantenido neutral durante la guerra contra Filipo de Macedonia) hizo que los publicanos, los mercatores (ahora con base en Delos) y las aristocracias que producían vino y aceite para un mercado cada vez más monetizado se hicieran con los resortes económicos de todo el Mediterráneo. No extraña que desde 150 apox. nuevos modelos de ánforas como las Dressel 1 tirrénicas y las Lamboglia 2 adriáticas aparezcan un poco por todas partes en Oriente y Occidente. Junto a ello, el surgimiento en Apulia de una familia de ánforas ovoides inspiradas en las producciones anteriores de origen corintio creo que significa, por una parte la continuidad en el tiempo de una vieja koiné adriática en torno a Brindisi y Corinto y por otra una clara basculación del centro de gravedad de ésta desde Corinto a la Italia adriática, donde las aristocracias romanas comienza a adquirir tierras en el ager de Brindisi y otra ciudades suditálicas. Ahora, el fenómeno, se "internacionaliza", sin embargo, y así, el control de los mecanismos comerciales por parte de los romanos en el Egeo y el Mediterráneo central y occidental pronto impulsará las producciones de ánforas ovoides hacia los polos del intercambio comercial: el entorno de Cartago, la costa NE de la Tarraconense, la bahía de Cádiz y el valle del Guadalquivir, en un movimiento que se prolonga hasta los últimos años de la República y que se inserta en un progresivo cambio del modelo de comercio mediterráneo: de un mundo abierto y multipolar hacia mitad del siglo II a.C. a un mundo polarizado en torno a Roma, cuyas contradicciones internas acabarán empujando a la polis-imperio hacia las formas autocráticas tan características del Oriente al que Roma había vencido (especialmente Egipto). No creo que la aparición hacia el cambio de eras, de nuevas familias anfóricas provinciales sea tampoco ajena al cambio político y económico que estaba suponiendo el sistema imperial.

GEOPOLÍTICA, COMERCIO Y FAMILIAS ANFÓRICAS
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