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En realidad, no existe sociedad sin religión. Si entendemos religión como un conjunto de creencias (trascendentes o no) que guían la acción social y determinan las relaciones sociales, toda sociedad tiene una religión mayoritaria. Desde la Revolución Francesa, la nuestra es el liberalismo económico (también llamado economía de mercado), una religión que encuentra sus pilares sociales en la igualdad de todos ante la ley y, sobre todo, ante el dinero (economía). Supongo que por eso, solemos expresar en dinero el grado de igualdad o de desigualdad (se insiste, por ejemplo, en que las mujeres cobran menos que los hombres) y la injusticia se imagina como diferencial de ingresos. 

Nuestra religión se expresa de forma ideológica como laicismo y, como toda religión así entendida, es totalitaria. Quiero decir, que es exclusivista, no permite que otra le haga sombra como eje vertebrador de las relaciones sociales. Por eso, trata de reducir al resto a una expresión privada de fe sin consecuencias sociales. Pero las religiones son comunitarias y hacerlas privadas es, también, en un sentido bastante literal, privarlas de sentido, convertirlas en una superstición. Si entendemos etimológicamente superstición como lo que queda en pie, una religión “vencida” sería, en efecto, algo así como lo que queda de un viejo sistema de creencias después de su derrumbe, los restos de un naufragio: reliquias en manos de privados. 
El cristianismo como comunidad al margen del sistema mayoritario de relaciones sociales ha sido visto como una amenaza, con razón, por muchos de estos sistemas pre o a-cristianos. El Islam plantea un problema similar en las sociedades occidentales actuales, un problema que es mucho más arduo que el representado por los restos del cristianismo, porque la religión de las sociedades occidentales es al fin y al cabo un post-cristianismo basado en categorías similares al del cristianismo digamos “auténtico”: un cristianismo “secularizado”.  
Por su parte, la religión de la Umma se resiste a convertirse en a un conjunto de creencias privadas. El rito puede ser privado, pero no la religión. Si existe una sociedad multirreligiosa con muchos cultos privados es porque esos cultos son exclusivamente eso: cultos más o menos vacíos. O se pretende que lo sean (la lucha es ardua al respecto). Para que fuesen religiones y no simples cultos debían ser dominantes o dominadas, pero no privadas. Una sociedad multirreligiosa es en verdad sólo una sociedad multiétnica cuya verdadera religión es el dinero. No lo digo como un reproche. Es una descripción (el dinero como sistema de creencias del ultrarracionalismo y el mercantilismo). 
Ahora la lucha en Francia es “normalizar” el Islam. Convertirlo en un culto de la República. Uno más. Se prepara ya la carta “republicana” que habrán de firmar todos los jefes de mezquita. Deberán tenerla a disposición de las autoridades, como los billetes que los cristianos debían presentar a los agentes del emperador Diocleciano dando testimonio de haber sacrificado a los dioses de la República de los romanos. El Islam francés se juega mucho en esto. La disyuntiva lo pone entre la espada de la guetización y la pared de la banalización o la privatización.  
Visto fríamente, la normalización del Islam europeo es una oportunidad para todos: para las sociedades en su conjunto, una oportunidad de integrar verdaderamente a los musulmanes en su seno; para los musulmanes europeos, una oportunidad de sentirse parte verdaderamente de las sociedades en que viven, aunque indudablemente la cosa no es así de simple, puesto que el gueto, si bien está siendo totalmente ocupado por el  irredentismo religioso, tiene un origen anterior a éste. 
También todos tenemos mucho que perder: las naciones europeas se enfrentan a la pérdida de su identidad tradicional tal como la han conocido hasta ahora; el Islam, a la pérdida de una buena parte de su sentido comunitario y totalizador, y todos al triunfo de la religión del dinero. Esa es la encrucijada. Seguramente no está en nuestra mano decidir cuál es el camino ni controlar el futuro. Y luego dicen que la Historia había acabado.

¡MÁS LAICISMO! (LA RELIGIÓN DE LOS EUROPEOS Y EL FIN DE LA HISTORIA)
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