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LA ESPECIE HUMANA Y SUS ENSOÑACIONES SECULARES

 

Hoy es el día internacional del sueño. Aparte de lo absurdo de estas conmemoraciones de santoral laico y ante la previsible avalancha de posts voluntaristas y catetos del tipo “persigue tus sueños”, esto me ha hecho escribir estas reflexiones. Una entrevista con un experto neurólogo en la radio portuguesa TSF me ha hecho pensar en las funciones del sueño como acción neurofísica, en la que lo orgánico y lo mental se conectan de una forma evidente. Mi amigo Luis Gethsemaní diría que no es sino una manifestación del fenotipo extendido, es decir, manifestaciones morfológicas y conductuales del genotipo de cada individuo, grupo y especie (pues la humana no es la única especie que sueña). Esto lo vio bien Freud a propósito de la especie humana, aunque tal vez sexualizó en demasía el descubrimiento. Basándose en él, el gran Gaston Bachelard emprendió un estudio psicoanalítico de la presencia de los elementos naturales (era químico y sabía mucho de alquimia) en las ensoñaciones del género humano: Psicoanálisis del fuego, La tierra y los sueños, La tierra y las ensoñaciones del reposo, El agua y los sueños… pero acabó desembocando en un estudio fenomenológico cada vez más alejado del piscoanálisis que culminó en su Poética del espacio. Basándose en los poetas, en cuyas obras residen los residuos de las ensoñaciones milenarias que el mundo actual utilitarista arrojó al cajón de las basuras, Bachelard bucea en la permanencia de los sueños a lo largo de las generaciones: la casa y los anhelos de regreso al útero, los manantiales y la leche materna, la tumba y el espacio recluido, el laberinto y las angustias de la existencia. De manera que demostró de una forma tan heterodoxa como magistral que el fenotipo extendido incluye la memoria de la especie. Con cada individuo sueña la especie entera, viva o muerta. Esto explica que los sueños puedan ser premonitorios y concede a la esfera cultural una autonomía (que no independencia) que los evolucionistas duros niegan, pero por una cuestión sólo de perspectiva. Me explico. Lo humano es natural y el hombre un bicho. Pero la biología es un modelo que no se agota en sí mismo. No seamos severos: el humanismo ha reivindicado un espacio propio para la cultura humana, incluidos los sueños, no porque en la realidad sea independiente (nada es independiente de la realidad si es que este nombre tiene sentido), sino porque, como humanos, tenemos derecho y hasta obligación de bucear en lo nuestro como si fuera diferente (que no lo es tanto). El día que los orangutanes hagan lo mismo habrá un estudio del orangutanismo de los sueños. Pero en tanto, soñemos que soñamos en ser libres (o no).

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